EL TRASTORNO PSICOLÓGICO EN EL ARTISTA:
¿MITO O REALIDAD?

 

Dra. Manuela Romo

Universidad Autónoma de Madrid

 

 

 

¿Es creativa cualquier forma de expresión plástica? Posiblemente a alguno le resulte la pregunta doblemente impertinente, primero porque no viene al caso, no es el tema de discusión para el que estamos convocados -me dirían- y segundo y principal, porque al arte se le supone siempre creatividad, como valor al ejercito.

 

Pero, reparemos en los siguientes hechos: nadie discute que en la ciencia el atributo “creativo” lo alcanza solo una selecta minoría de personas; la mayor parte de la actividad científica se realiza en los periodos de ciencia normal, resolviendo los puzzles que dejaron planteados con sus descubrimientos los grandes creadores en los periodos de ciencia revolucionaria, de manera que, mientras un paradigma pervive en una disciplina, los científicos se afanarán en desarrollarlo y consolidarlo, siendo mínimas las posibilidades en ciencia normal -por seguir con la terminología de Kuhn- de ampliar sus límites en contribuciones verdaderamente creativas.

 

Sin embargo, nos cuesta menos hablar de creatividad en el arte que en la ciencia, pues en el arte consideramos creativos no solo a los que rompieron con lo anterior y crearon nuevas formas de expresión, nuevos paradigmas, sino también a aquellos que en su trabajo se han adscrito a uno ya existente.

 

Cabría preguntarse por los niveles de creatividad que se pueden atribuir a dichas obras. El problema es que los criterios de valoración de un producto son mucho más subjetivos en la ciencia que en el arte, porque, si hablamos de novedad, resulta incontestable que -exceptuando las reproducciones- toda obra de arte es original, mientras que replicar por enésima vez un experimento con una mínima variación de las condiciones experimentales, no. Pero si hablamos de valor, el segundo y definitivo criterio para diagnosticar productos creativos, en lo referente al mundo artístico, entramos en un confuso territorio donde el relativismo y hasta la ambigüedad determinan la calificación de las obras de arte.

 

Asumimos que la creatividad tiene una naturaleza contextual y que son criterios propios del campo  los que deben aplicarse a los productos, pero hay que reconocer que tales criterios tienen mayor grado de objetividad y consenso en la ciencia que en las artes y el resultado final es que, desde fuera, puede parecer que todo vale y que cualquier cosa, exhibida en cualquier lugar, merece llamarse creativa. Y así, abría que considerar, hablando ya de locura, si algunas formas de “art brut” realmente son creativas; si el arte psiquiátrico tan reivindicado por algunos, como Bretón, realmente cumple siempre con los mínimos en un criterio de valor, o si, a la viceversa, otras formas de arte supuestamente psiquiátrico lo son en realidad; como cuando Dalí en una de sus poses mitomano-exhibicionistas -otra patología distinta a la locura- afirma provocar voluntariamente estados paranoides (Neumann, 1992).

 

Pero, volviendo a la ciencia y el arte. He traído aquí esta disgresión para apuntalar una idea: la creatividad es la misma esté dónde esté; desde el punto de vista psicológico la definimos de la misma manera. Aquí surge otra disonancia conectada con el tema que nos ocupa: nadie asocia la locura con la conducta científica. La leyenda del artista no alcanza al científico y, sin embargo, lo que hace un pintor ante el lienzo es lo mismo que hace el científico creador en su laboratorio o mesa de trabajo: encontrarse con problemas que ha de formular y resolver de forma original y válida.

 

Parece pues, que para embarcarse en una actividad tal no es necesario estar loco, al menos en el sentido psiquiátrico del término. No son, entonces, relaciones causa-efecto en el sentido “psicosis implica creatividad”, las que han dado origen al mito del genio loco sino otro tipo de argumentos cuya naturaleza no es intrínseca a los propios procesos creadores.

 

No es este el lugar para entrar en un desarrollo explicativo de los procesos psicológicos implicados en la creación pero si hay que mencionar -por no dejar colgado el asunto- que esa definición de pensamiento creador que propongo, en consonancia con el enfoque de la psicología cognitiva, encierra bastante complejidad. Que hablamos de un mismo proceso pero presuponiendo un dominio específico de la disciplina -nivel de experiencia en un campo que implica más de diez años de trabajo intensivo previo-, unas “habilidades de infraestructuras” o aptitudes propias para ese trabajo desarrolladas a un nivel óptimo así como un nivel extremo de motivación hacia el trabajo. Por otra parte, cuando hablamos de buscar y de resolver problemas, es obvio que la naturaleza de los mismos es muy distinta según el área. El artista, a través de la expresión simbólica, va a dar salida a la formulación y resolución de un problema que es de carácter estético y personal.

 

Estamos definiendo la creatividad en términos que no constituyen rasgos de personalidad, lo que excluye la neurosis, sino que son cognitivos y en un nivel de pleno rendimiento y concentración -hasta el nivel, en ocasiones, de lo que Csikszentmihalyi he llamado “estado de flujo”-, lo que excluye la psicosis.

 

Es incompatible pues la ejecución de una auténtica obra artística con el trastorno mental. Desechada la conexión causal, sin embargo, es de ley aceptar que hay una cierta incidencia; en estos casos diremos que el arte surge a pesar, no por la neurosis o la psicosis y nunca coincide con los brotes esquizofrénicos o las fases agudas de la enfermedad. Esa sospecha de que someterse a una terapia va a mermar la creatividad, es otro prejuicio compartido también por algunos.

 

En todo esto coincidimos, desde la psicología cognitiva, con las nuevas versiones psicoanalíticas de la “psicología del yo” como Otto Rank  que se atrevió a desligarse de la teoría freudiana de la neurosis -siendo            silenciado durante mucho tiempo-, hablando del artista como persona sana y creativa, dotada de un yo fuerte y contraponiendo neurosis y creatividad.

 

En Kubie (1958) se dio la ruptura definitiva al negar todo papel al inconsciente, un límite que Kris (1952) no alcanzó en su noción de “regresión al servicio del yo”. Pero Kubie habla abiertamente de que la neurosis destruye la creatividad y del inconsciente como una camisa de fuerza que produce estereotipia.

 

Al margen de estas disputas entre psicoanalistas, lo que demuestra la evidencia es que en las crisis psicóticas los artistas dejan de ser creativos y en las fases de regresión más profunda no hacen sino garabatos descoordinados. Y en cuanto al neurótico, como dice Martindale  (1971), “está caracterizado por mecanismos de inhibición, paralización y represión, y estas son características más de las personalidades no creativas que de las creativas”.

 

¿Por qué esa conexión tan firme en nuestra cultura entre arte y locura?. Creo que Gombrich da en el clavo en el prologo a La leyenda del artista  de Kris y Kurz, cuando dice que a Kris le debemos la profunda intuición de que las historias que se cuentan sobre los artistas en todos los tiempos reflejan una respuesta humana universal a la magia misteriosa de la creación de una  imagen.

 

Esa magia de la creación es la que ha alimentado la mitología sobre el genio, magia que en la ciencia es mucho menos accesible -su comprensión se limita a minorías especializadas y no es objeto directo de consumo- y por ello no ha dado lugar a unos mitos tan sólidos y extendidos como la creatividad artística, aunque también los hay.

 

Por mi parte he realizado una investigación (Romo,1998) sobre teorías implícitas en creatividad artística, donde he rastreado los orígenes y evolución de algunas concepciones sobre la creatividad en el arte muy extendidas, analizando su estructura interna en cuanto a las ideas que las integran y los grados de tipicidad del las mismos. Entre otras teorías,  además de la del trastorno psicológico, se encuentra la de las dotes innatas, el otro gran mito: el inspiracionista, que hace del arte una tarea para unos pocos elegidos por las musas, leasé “genes” en su versión moderna -cuyo análisis, por cierto,  sería merecedor de otro artículo.

 

Sin embargo, la teoría del trastorno psicológico no tiene mucha vida, yo diría que ha durado un siglo -y quiero creer que este pasado es perfecto- teniendo su máximo esplendor entre finales del XIX y principios del XX. En realidad constituyó la versión romántica del genio en todas las artes -”se bello y se triste” decía Oscar Wilde-. Y tuvo su ideólogo en Schopenhauer, aunque después psiquiatras y psicoanálistas como Lombroso y Freud contribuirían a darle un barniz pseudocientífico y con ello, a la adopción generalizada de la teoría en el mundo del arte, de tal forma que durante un tiempo se puso de moda entre los artistas, especialmente en el surrealismo, hablar de cosas tales como trauma, neurosis, represión, inconsciente, sublimación,...

 

Sin embargo, existen versiones anteriores. Ya Kant hablaba de que es una vieja idea que el genio va mezclado con ciertas dosis de locura. Y para los Witkkower hay una primera formulación explícita en el Renacimiento: “ Los filosofos descubrieron que los artístas emancipados de su tiempo mostraban las características del temperamento saturnino: contemplativos, meditabundos, recelosos, solitarios, creativos. En aquel crítico momento histórico nació la nueva imagen del artista alienado” (R. y M. Wittkower, 1985. p.12).

 

Pero si rastreamos en el inconsciente colectivo, en esa respuesta humana a la magia misteriosa de la creación, encontramos que la idea de Schopenhauer del tormento como permanente compañero del genio adquiere la maravillosa forma de Prometeo en la mitología griega: el héroe que provoca la envidia de los dioses, el titán castigado eternamente por haberlos desafiado y robado el fuego; porque debe haber un castigo divino para todo aquel que quiera hacerse como ellos, que ose formar criaturas y animarlas con el fuego divino. La locura es el castigo para todo aquel que se atreve a ponerse a la altura de los dioses, en una palabra, que se atreve a crear...

 

Pero por mucho que nos atraigan los mitos, la creatividad no es locura. Crear, repito, es una forma de pensar modulada por las peculiaridades propias del campo. Así, los estilos cognitivos de sensibilidad a los problemas o apertura a la experiencia presentes en la creatividad, en el caso del artista se vinculan más con lo personal, porque es la experiencia vital la que nutre el pincel o la pluma del artista y eso significa acumular experiencias, estar abierto al mundo pero también al interior de uno mismo, a encontrarse con los propios conflictos, las miserias y grandezas... y, desde luego, todo esto genera una gran tensión, y -por qué negarlo-, angustia.

 

         En esto ha quedado el mito de Prometeo. Ni visión romántica ni inspiracionista -el otro gran mito-, ni la locura ni las musas, ni el tormento ni el éxtasis. Hemos democratizado la creatividad, la hemos convertido en un atributo de la gente corriente. Vamos conociéndola, explicándola y desmontando su mitología; y, con gran alborozo, descubrimos que, al despojarla de los ropajes de sus mitos, no pierde grandeza porque sólo en la creatividad radica esa dimensión de la naturaleza humana que nos otorga algo de divinos...¡Con el permiso de los dioses, por supuesto!

 

 

 

REFERENCIAS

 

CSIKSZENTMIHALYI, M. 1998. Creatividad. El fluir y la psicología del descubrimiento y la invención. Barcelona, Paidos.

 

FREUD, S. 1967. Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci. Madrid. Blibioteca nueva. (Original publicado en 1910).

 

KRIS, E. 1952. Psichoanalytic explorations in art. Nueva York. International University Press.

 

KRIS, E. y KURZ, O. 1982. La leyenda del artista. Madrid. Esayos Arte Catedra (original publicado en 1934).

 

KUBIE, L. S. 1958. Nuerotic distortion of the creative process. Nueva York. Noonday Press.

 

KUHN, T.S. 1975. La estructura de las revoluciones cientificas. Mexico. Fondo de Cultura Económica.

 

MARTINDALE C. 1971. “Degeneration, desinhibition, and genius” Journal of the history of behavioral sciences, 7 pp. 177-182.

 

NEUMANN, E. 1992. Mitos de artista. Madrid . Tecnos.

 

RANK, O. 1958. The truth and reality. Nueva York.

 

ROMO, M 1997. PsicologÍa de la creatividad. Barcelona. Paidos.

 

ROMO, M 1998. “Teorías implicitas y creatividad artística”. Arte, individuo y sociedad. 10, pp 11-28.

 

WITTKOWER, R. y WITTKOWER, M. 1985. Nacidos bajo el signo de saturno. Genio y temperamento de los artistas desde la Antigüedad hasta la Revolución Francesa. Madrid Catedra (original publicado en 1963).

 

 

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Julio 2005. INTENSIVO.    www.micat.net